Un joven de apenas 19 años perdió la vida este domingo 30 de noviembre en un zoológico de João Pessoa, Brasil, luego de escalar muros de seguridad, entrar al recinto de felinos y ser atacado brutalmente por una leona ante la mirada atónita de los visitantes. El hecho reaviva el debate sobre negligencia institucional, salud mental y seguridad en espacios públicos.
El trágico episodio ocurrió ayer domingo 30 de noviembre en el Parque Zoobotánico Arruda Câmara de João Pessoa, estado de Paraíba (Brasil). Según las autoridades, el joven —identificado como Gerson de Melo Machado, de 19 años— “invadió deliberadamente el recinto de la leona”. Se subió a un muro de más de seis metros, superó las vallas de seguridad, descendió por un árbol y logró entrar en la jaula de felinos.
Las imágenes, captadas por visitantes, muestran a la leona recostada junto al vidrio divisor hasta que advierte al intruso, escala hacia el árbol, lo agarra de una pierna y lo arrastra al suelo. Entre gritos y horror, la escena se convirtió en una pesadilla para quienes presenciaron el momento.

El zoológico —consternado— anunció que cerrará sus puertas mientras duren las investigaciones. Su veterinario responsable defendió los estándares de seguridad del lugar, calificando el incidente como “completamente imprevisible”. También aclararon que la leona no sería sacrificada, pues actuaría en defensa natural.
Por su parte, una consejera de protección infantil reveló que Machado había estado bajo tratamiento social e institucional durante ocho años. Su familia —marcada por enfermedades mentales— habría recibido atención psiquiátrica estatal, aunque denuncian que fue tratada como “un problema de comportamiento” en lugar de brindar el apoyo necesario. “Debería haber estado en tratamiento”, declaró la funcionaria, quien acusó a la sociedad de empujar al joven a la “jaula de los leones”.
Este episodio no solo es una tragedia personal, sino también un símbolo crudo de falla social: negligencia en salud mental, abandono institucional y deficiente protección de espacios públicos. Una vida joven se apagó, y junto a ella, nuestra capacidad colectiva para cuidarnos unos a otros.