La Iglesia Católica celebró este sábado 20 de diciembre la ordenación sacerdotal de José Ignacio Jara Noceda y Francisco Gabriel López González, en una emotiva ceremonia presidida por el cardenal Adalberto Martínez. Jara Noceda es oriundo de Luque y celebrará su primera misa este domingo en Limpio y posteriormente en su ciudad natal.
En la mañana de este sábado 20 de diciembre, la Catedral Metropolitana de Asunción fue escenario de la ordenación sacerdotal de José Ignacio Jara Noceda y Francisco Gabriel López González, en una ceremonia que se inició a las 10:00 y concluyó cerca del mediodía. La celebración fue presidida por el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, y copresidida por los obispos eméritos Ignacio Gorgoza y Melanio Medina.
José Ignacio Jara Noceda, uno de los nuevos sacerdotes, es luqueño, hijo de Esperanza Ignacio Jara Figueredo y Lidia Isabel Noceda Coronel. Según informaron sus familiares, su primera misa será celebrada este domingo 21 de diciembre a las 08:00 en la Parroquia San José de Limpio, mientras que en horas de la tarde, a las 19:00, presidirá otra eucaristía en la Parroquia Santuario Nuestra Señora del Rosario de Luque.
Durante la ceremonia se vivieron momentos de profunda fe, recogimiento y oración, acompañados por numerosos sacerdotes, familiares y fieles que participaron con emoción de la ordenación de los nuevos presbíteros.

En su homilía, el cardenal Adalberto Martínez destacó la dimensión comunitaria de la vocación sacerdotal. “El sacerdocio es un don tan grande para toda la Iglesia y no se trata solo de la alegría de los elegidos para este servicio, sino también de la alegría de sus respectivas familias y amigos. Esta vocación sacerdotal sale del corazón de Dios, porque Dios es el que llama. Estos hermanos, José Ignacio y Francisco Gabriel, han respondido a ese llamado de Dios”, expresó.
Asimismo, subrayó que el ministerio sacerdotal no se basa en la elocuencia verbal, sino en el testimonio de vida. “El ministerio sacerdotal no consiste en aquel que multiplica discursos, sino en dejar que el Verbo habite en su vida, configure su corazón y sostenga su orar cotidiano”, señaló, recordando palabras del papa San Juan Pablo II durante su visita al Paraguay en 1988, cuando afirmó que “la verdadera elocuencia cristiana es hablar con el corazón”, refiriéndose al testimonio de San Roque González de Santacruz y Compañeros Mártires.

El cardenal remarcó además que “los sacerdotes no estamos llamados a vender palabras elocuentes, sino a dejar que la Palabra de Dios se encarne en nuestras vidas”, y sostuvo que el sacerdocio “no es un rol pasajero, sino una configuración permanente en la vida”, afirmando que el sacerdote “no se pertenece a sí mismo, su vida queda unida al altar y al pueblo de Dios”.
Como ejemplos de vida sacerdotal, citó a San Juan Vianney, patrono de los sacerdotes, destacando su humildad, su vida de oración y su caridad pastoral, así como a María Felicia de Jesús Sacramentado, laica que supo “saturarse de Cristo” y ser fermento del Evangelio en la sociedad.
También evocó con gratitud la figura del padre Julio César Duarte Ortellado, siervo de Dios, resaltando su vida sencilla, su amor a la Eucaristía y su compromiso con los más necesitados, así como al padre Higidio Cardozo, capellán en la Guerra del Chaco, quien falleció a los 28 años tras servir a los heridos y más vulnerables. Al finalizar la celebración, José Ignacio Jara Noceda y Francisco Gabriel López González agradecieron a sus padres, a los obispos presentes, a los sacerdotes formadores y a los fieles que los acompañaron durante los años de formación y en este momento trascendental de sus vidas, renovando su compromiso de servicio a la Iglesia y al pueblo de Dios.