Con profundo recogimiento espiritual y la participación de numerosos fieles, este viernes 4 de abril se desarrollaron en el Santuario Nuestra Señora del Rosario de Luque los ritos del Viernes Santo, centrados en la conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
La comunidad católica de la ciudad de Luque vivió en la tarde de este viernes una de las celebraciones más significativas de la Semana Santa, con la jornada del Viernes Santo realizada en la Parroquia Santuario Nuestra Señora del Rosario.
La ceremonia comenzó con la lectura de las Siete Palabras de Jesús en la cruz, acompañada de cantos y oraciones que invitaron a la reflexión de los fieles sobre distintas realidades del mundo actual. Las siete frases pronunciadas por Jesucristo antes de su muerte, según la tradición cristiana, fueron recordadas durante la celebración: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, “Mujer, ahí tienes a tu hijo… hijo, ahí tienes a tu madre”, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, “Tengo sed”, “Todo está cumplido” y “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

Tras la última palabra y representando el momento de la muerte de Jesús, el rostro de la imagen de Cristo crucificado fue cubierto con un manto. A ambos lados se encontraban los dos hombres crucificados junto a él, conocidos en la tradición cristiana como el buen ladrón y el mal ladrón.
Posteriormente, Monseñor Enrique Meyer, Cura Rector del Santuario, elevó una profunda oración pidiendo a Dios por la redención del pueblo y del mundo. Seguidamente se realizó la lectura de un texto del Evangelio y de otro pasaje correspondiente a la carta de San Pablo a los Hebreos.

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la lectura completa del relato de la Pasión de Cristo, interpretada por varias personas que asumieron los distintos papeles del texto bíblico. En esta representación, Monseñor Meyer volvió a asumir el papel de Jesucristo, como lo viene haciendo durante las celebraciones de la Semana Santa.
Luego se realizó la oración universal de la Iglesia Católica, en la que se pidió por la salvación del mundo, sin distinción de personas ni sectores. Entre las intenciones destacaron las oraciones por la evangelización, por el pueblo judío, por los ateos y quienes no conocen a Dios, por los alejados de la Iglesia, por los gobernantes, por la paz, la libertad y la prosperidad de las naciones, así como por quienes sufren las consecuencias del pecado.
En otro momento profundamente simbólico, Monseñor Meyer se acercó a la cruz donde se encontraba la imagen de Cristo, subió a una escalera y retiró el velo que cubría su rostro, proclamando tres veces: “Este es el árbol de la cruz donde está suspendida la salvación del mundo”. A lo que los fieles respondieron: “Vengan y adoremos”.
Posteriormente, un grupo de hombres descendió la imagen de Jesús de la cruz y la acercó hasta la imagen de María, su madre, que permanecía junto al apóstol San Juan. En medio de un profundo silencio, la representación mostró a la Virgen contemplando con dolor el cuerpo de su hijo.
Luego, la imagen de Cristo fue depositada en una cripta preparada para la ocasión, simbolizando su sepultura.

En ese momento, el cura rector anunció la distribución de la Sagrada Comunión a los fieles presentes, recordando que el Viernes Santo es el único día del año en que la Iglesia Católica no celebra misa ni imparte la bendición final.
La jornada continuó con la procesión de Cristo Yacente, en la que la imagen depositada en la cripta fue llevada alrededor del templo, recorriendo las veredas del Santuario. La procesión estuvo acompañada por fieles, sacerdotes, diáconos, religiosas y monaguillos, junto a las imágenes de la Virgen María, del apóstol San Juan y de los dos ladrones crucificados junto a Jesús.

La ceremonia concluyó con el ingreso de la procesión al templo, donde se realizó el tradicional rito del Tupaitú, que consiste en el beso de los fieles a la cruz de Jesús.
Al finalizar la jornada también se llevó a cabo la colecta destinada a Tierra Santa, región actualmente afectada por la guerra.
De esta manera, la ciudad de Luque vivió una de las celebraciones más solemnes del Viernes Santo, con la plazoleta del Santuario y los corredores del histórico templo colmados de fieles.
El imponente templo fue construido por el recordado Pa’i García, sacerdote considerado una de las figuras más influyentes en la historia religiosa y social de la ciudad, además de ser reconocido como fundador del club Sportivo Luqueño, la institución deportiva más popular de Luque.