Bajo la guía de Monseñor Enrique Meyer, miles de fieles vivieron una noche de profunda fe, marcada por el rito del fuego, la luz de las velas y el tradicional encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María.
La comunidad católica de la ciudad de Luque se congregó masivamente en la noche de este sábado, 4 de abril, para participar de la Vigilia Pascual, la celebración litúrgica más importante del calendario cristiano.
La ceremonia tuvo lugar en el Santuario Nuestra Señora del Rosario de Luque y fue presidida por el cura rector, Enrique Meyer, en una jornada cargada de simbolismo, recogimiento y profunda emoción que alcanzó su punto culminante con el tradicional “Tupaitú”, el encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María.

De la oscuridad a la luz
La celebración se inició a las 19:00 en el templo con la bendición del cirio nuevo, uno de los ritos más significativos de la Vigilia Pascual.
En un ambiente de silencio y reflexión, las luces del santuario se apagaron completamente, dejando a los fieles en una oscuridad simbólica que representa la espera de la resurrección.

Poco después, el Cirio Pascual —símbolo de Cristo resucitado— fue ingresado al templo. De su llama los presentes encendieron sus propias velas, transformando gradualmente la oscuridad en un mar de pequeñas luces titilantes que iluminaron el santuario y crearon un ambiente de profunda oración y comunión.
Posteriormente se desarrolló la liturgia de la Palabra, la renovación de las promesas bautismales y la celebración eucarística, considerada el momento central de la Vigilia Pascual dentro del calendario litúrgico de la Iglesia.



El Tupaitú: un encuentro cargado de emoción
Tras los ritos litúrgicos llegó uno de los momentos más esperados por la feligresía luqueña: el “Tupaitú”, representación simbólica del encuentro entre Jesús Resucitado y su madre, la Virgen María.
Ante una multitud de fieles que colmó el templo y sus alrededores, ambas imágenes fueron acercándose lentamente hasta encontrarse frente a frente, en medio de una feligresía entusiasmada. El emotivo momento estuvo acompañado por cánticos de “¡Aleluya!”, vivas y oraciones, generando un clima de profunda devoción.
Muchos de los presentes registraron el instante con sus teléfonos celulares, mientras otros seguían el acto con visible emoción.
“Es un momento que nos renueva el alma. Después de los días de dolor de la Semana Santa, este encuentro nos recuerda que la vida siempre vence”, expresó uno de los fieles presentes.



Una tradición que fortalece la fe
La ceremonia también destacó por la amplia participación de familias completas, jóvenes y adultos mayores que, con velas encendidas y rostros iluminados por la luz pascual, reafirmaron su fe y su pertenencia a una tradición profundamente arraigada en la comunidad.
Durante su mensaje, monseñor Meyer invitó a los fieles a llevar la “luz de la resurrección” a sus hogares y a trabajar por el bien común en este nuevo tiempo pascual.
La celebración concluyó con una bendición solemne, dejando en la ciudad el eco de una jornada que, año tras año, renueva la espiritualidad y reafirma una de las tradiciones religiosas más significativas de la comunidad luqueña.