EDITORIAL – 2026: Del deseo a la responsabilidad compartida

Con cada Año Nuevo llegan los buenos deseos: salud, paz, trabajo y bienestar. Son necesarios, pero no son suficientes. El 2026 nos desafía a ir más allá de las palabras y asumir responsabilidades concretas desde nuestro entorno más cercano: la familia, el barrio, la ciudad y el país.

(Viernes 2 de enero) – El inicio de un nuevo año suele venir cargado de buenos deseos. Salud, vida, seguridad, paz, amor, alegría y prosperidad aparecen como palabras repetidas en brindis, mensajes y publicaciones. Desear lo mejor es legítimo y necesario, pero quedarse solo en eso sería ingenuo. Los deseos importan, sí, pero no alcanzan. Personas, familias, empresas, instituciones y autoridades están llamadas a pensar y actuar más allá de las buenas intenciones.
El Año Nuevo nos invita a mirar nuestro entorno más cercano y también el más amplio. La casa, la familia, el barrio, el municipio donde vivimos, el departamento y el país del que formamos parte. Todo esto ocurre en un mundo atravesado por tensiones bélicas, inseguridad, desigualdades económicas y sociales que impactan directamente en la vida cotidiana de la gente. Nada de eso es ajeno a Luque ni al Paraguay.
En este contexto, limitar y definir tareas, pensamientos y acciones concretas se vuelve un puntapié inicial indispensable. No se trata de resolverlo todo de golpe, sino de asumir responsabilidades posibles, realistas y sostenidas en el tiempo. Enfrentar las realidades, sortear problemas y construir, paso a paso, un lugar más habitable, más amigable y más humano es una tarea colectiva que no admite postergaciones.

La idea de que “otro mundo es posible” no es una consigna vacía ni una ilusión romántica. Muchas personas ya lo demuestran cada día desde sus empresas, emprendimientos, trabajos cotidianos, desde la fe, la acción social o pensamientos que buscan la emancipación de quienes hoy están atrapados en situaciones económicas, sociales o políticas injustas. Son ejemplos concretos de que el cambio no solo se declama: se practica.
El 2026 debería servir para acrecentar y multiplicar estas acciones, especialmente en favor de los sectores más vulnerables: campesinos, familias, jóvenes, mujeres, niños y adultos mayores. Con un uso más eficiente y honesto del dinero público —y también del privado— sería posible ver menos niños en las calles, más agricultores trabajando en sus propias tierras en lugar de protestar por la falta de oportunidades, mujeres empoderadas, familias integradas, adultos mayores cuidados y jóvenes en situación de pobreza accediendo a capacitación y empleo digno.

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Las acciones necesarias son muchas y requieren creatividad, voluntad política y compromiso social. Entre ellas, resulta clave fomentar el ingreso económico mediante la creación de nuevas empresas y emprendimientos, así como impulsar políticas públicas y sociales que alivien las cargas financieras de las familias más golpeadas. El objetivo es claro: equilibrio social, mayor seguridad ciudadana, más puestos de trabajo y un bienestar que deje de ser promesa para convertirse en realidad.
Los deseos para el Año Nuevo son importantes. Vivirlos y hacerlos carne en acciones concretas lo es aún más. El desafío de este 2026 es apuntalar proyectos y decisiones que pongan en el centro a los niños, mujeres, jóvenes y adultos mayores, fortaleciendo la integración familiar y el tejido social. Solo así el nuevo año dejará de ser una fecha en el calendario para convertirse en una verdadera oportunidad de cambio.

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