Entre contrataciones repetidas y promesas, Sportivo Luqueño vuelve a apostar a la misma receta que lo dejó al borde del descenso. Más que camisetas nuevas, el club necesita una política deportiva distinta, basada en su cantera y confianza en sus propios jóvenes.
(Viernes 23 de enero de 2026) – El equipo del Sportivo Luqueño inicia esta noche —a partir de las 20:15— una nueva temporada en la competencia del fútbol profesional paraguayo. Lo hace tras presentar recientemente su nueva piel: dos elegantes indumentarias con las que brillará o se apagará en los escenarios deportivos, partido tras partido.
En la temporada pasada —la de 2025— el Auriazul realizó una pésima campaña, pese a las grandes y numerosas contrataciones de futbolistas que, en la óptica de la dirigencia encabezada por Hugo Rodríguez, debían ser la clave para un campeonato exitoso y decoroso. No fue así. Todo lo contrario: Luqueño inicia este nuevo certamen en las últimas posiciones de la tabla del promedio, junto a los recién ascendidos Rubio Ñú y San Lorenzo.

Desde que Rodríguez asumió la presidencia, hace ya un par de años, siguió la misma línea de política deportiva de la administración anterior: contrataciones para acá, contrataciones para allá. Al término del campeonato anterior, se desvinculó a casi un equipo completo —diez jugadores en total—, todos ellos contratados por su propia gestión y que poco o nada aportaron en términos de resultados deportivos.
Es la misma política deportiva que aún implementan varios clubes del país, aunque cada vez menos. En el caso de Luqueño, esta lógica se amplificó, quizá bajo la idea de que más nombres podrían significar un salto de calidad que permita afianzarse en una temporada que la Asociación Paraguaya de Fútbol divide en cuatro ruedas y dos campeonatos.

Se esperaba que para este 2026 se produjera un cambio —o al menos una reforma— en la política deportiva del club. Sin embargo, hasta donde se sabe, la línea sigue siendo la misma. En diciembre se conoció la primera contratación, la de Óscar Ruiz, y desde entonces, cuando comenzaron las movilizaciones, muchos aguardaban promociones desde la cantera del club. Contrariamente, a días del arranque del Apertura, Luqueño cerró ocho nuevas contrataciones, casi la misma cantidad de futbolistas que fueron desvinculados.
Se trata de una política que se repite en otros clubes del fútbol profesional paraguayo, aunque algunos —como Guaraní, Olimpia, Libertad y Cerro Porteño— ya apuestan a otra estrategia: la de dar verdadero valor a su cantera, tal como ocurre desde hace décadas en clubes de Europa, Argentina o Brasil.
La cantera no se limita —como erróneamente se cree— a los jóvenes que ya están dentro del club, sino a todos aquellos que demuestren condiciones para ser futbolistas en la ciudad, en el departamento o en el país. Esta es la política que necesita el Sportivo Luqueño. Es la política que aplicaron clubes del mundo —entre ellos Libertad de Paraguay— que hoy se mantienen en la cúspide de la competencia en sus respectivos ámbitos.

Aunque resulta difícil conocer lo que sucede puertas adentro del club, ya sea por falta de transparencia o por una deficiente comunicación institucional, se sabe que muchos jóvenes que entrenaban o competían en las divisiones inferiores terminaron alejándose del fútbol, desalentados y sin ver un futuro claro como profesionales.
Dentro de esta realidad compleja que atraviesa la institución, proponer soluciones sencillas puede sonar ingenuo para algunos. Sin embargo, es precisamente lo que ocurre en muchos clubes del mundo: cambian estrategias, brindan oportunidades a sus jóvenes y recurren a contrataciones externas solo cuando son realmente necesarias.

Si una estrategia no da resultados, lo lógico es cambiarla. Si un grupo de futbolistas traídos desde afuera no responde deportivamente, lo razonable es buscar alternativas. Y ese “otro lugar” bien podría ser la cantera del club, mucho más amplia y rica de lo que comúnmente se cree.
Porque si Luqueño arranca la temporada 2026 muy cerca del descenso —consecuencia directa de las contrataciones del año pasado—, ¿qué más podría perder apostando por futbolistas formados en casa?. Probablemente nada. Pero también es probable que, con una política deportiva seria y con incentivos reales —especialmente oportunidades— para los jóvenes que desde hace tiempo entrenan desde muy temprano en los distintos escenarios del club, la historia sea distinta.
Esos jóvenes tendrían hambre de goles, pasión y amor por la camiseta, por su ciudad y por su gente. Porque, en definitiva, Luqueño no necesita de una nueva piel: necesita goles.