Asalto a joyería en Luque expone la grave inseguridad que golpea al país

El violento atraco ocurrido en una joyería luqueña volvió a poner en evidencia el preocupante escenario de inseguridad que atraviesa el Paraguay, donde comerciantes y ciudadanos quedan cada vez más expuestos ante la ausencia del Estado.

El reciente asalto armado a una joyería en la ciudad de Luque, registrado el martes 13 de enero, cuyo botín fue recuperado gracias a la rápida reacción de un vecino que apedreó a uno de los supuestos asaltantes, expone con crudeza el grave estado de inseguridad en el que vive la sociedad paraguaya. Se trata de una realidad que golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables: familias, pequeños y medianos comerciantes, trabajadores y ciudadanos comunes que no cuentan con la logística ni los sistemas de protección de las grandes empresas.

De acuerdo con los datos conocidos, dos jóvenes llegaron al lugar a bordo de una motocicleta y perpetraron el asalto con pistolas en mano, dejando sin posibilidad de reacción a las empleadas del local. Uno de ellos fue alcanzado por un piedrazo cuando intentaba huir junto a su cómplice; sin embargo, aun después de caer del biciclo, seguía empuñando un arma de fuego. Ese detalle no es menor: pudo haber disparado contra cualquiera que intentara detenerlo. La intervención de los vecinos evitó que la situación derivara en una tragedia aún mayor.

Antes de ese episodio, el supuesto asaltante ya había sido herido de bala en el rostro por una persona cuya identidad permanece en el anonimato. El hecho fue confirmado en el Hospital General de Luque, adonde el joven fue trasladado en estado grave, detenido y esposado. Este dato revela un escenario alarmante: tanto los delincuentes como los ciudadanos están armados; unos para delinquir, otros para defenderse. En ese cruce de violencias, la posibilidad de víctimas fatales —comerciantes, vecinos, transeúntes e incluso niños— estuvo a un paso de concretarse.

Caricatura sobre un caso de robo a un ciclista.

¿Justicia por mano propia?

Este contexto también abre la puerta a un riesgo aún mayor: que la ciudadanía empiece a tomar justicia por mano propia. Actuar al margen de la ley, por más comprensible que resulte en medio del miedo y la impotencia, no es el camino recomendado por los especialistas en seguridad. Sin embargo, cuando el Estado se muestra ausente, esa tentación crece y se vuelve cada vez más peligrosa.

El Ministerio del Interior, al parecer, no está dimensionando la gravedad de esta situación. La inseguridad preocupa profundamente a amplios sectores de la población, más aún en un mes como enero, cuando los salarios, el aguinaldo y el movimiento comercial comienzan a agotarse, y la gente busca proteger lo poco que le queda. Garantizar seguridad no solo protege vidas y bienes: también genera confianza. Y cuando un gobierno se desentiende de este deber básico, no solo pierde credibilidad, sino que también arriesga respaldo ciudadano y votos en las próximas elecciones.

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Otro aspecto inquietante de este caso fue la decisión judicial respecto al joven baleado y apedreado. El juez interviniente ordenó su traslado a la celda de la Comisaría Tercera aun cuando se encontraba en estado grave. Según relató su abogado, el detenido permanecía sangrado en el calabozo. Si las autoridades creen que la inseguridad se combate dejando morir a un supuesto delincuente, la sociedad paraguaya está muy lejos de encontrar una solución real. Este tipo de actitudes, aún más preocupantes cuando provienen del Poder Judicial, desnaturalizan las políticas públicas y vacían de contenido a la ciencia jurídica que debería guiar la acción del Estado.

Creatividad de jóvenes y adolescentes del Paraguay plasmando a través de la pintura la sociedad en la que quieren vivir, lejos de la violencia. Foto: Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) / Setiembre de 2022.

Consejos de seguridad ciudadana

A esto se suma la desaparición de los consejos de seguridad ciudadana, que hasta hace poco ofrecían espacios de debate, análisis y construcción colectiva. En esos ámbitos se reunían las fuerzas vivas de cada comunidad para buscar, de manera conjunta, mayor seguridad y bienestar para la población.

Una sociedad segura es una sociedad con niveles óptimos de bienestar económico, educativo y social. Por ello, la seguridad no puede reducirse a la mera presencia policial en las calles. Requiere una discusión seria y amplia sobre el modelo de seguridad que necesita el Paraguay, con la participación de distintos sectores capaces de aportar ideas, compromiso y también recursos logísticos y económicos. Mientras esa discusión no se dé, y mientras el Estado siga reaccionando tarde y mal, la violencia seguirá reinando.

Muchos jóvenes, sin trabajo ni orientación, terminan buscando en la delincuencia lo que la sociedad les negó: empleo, contención familiar y un sistema educativo que los prepare para el mundo del trabajo, la disciplina, la resistencia y el sacrificio. Casos como el asalto a la joyería en Luque no son hechos aislados, sino parte de una alarmante repetición que se extiende semana tras semana a lo largo y ancho del territorio nacional.

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