La compañía Costa Sosa, de la ciudad de Luque, volvió a demostrar que la fe y la tradición siguen vivas y profundamente arraigadas en su identidad comunitaria. El pasado martes 6 de enero, en el marco de la fiesta patronal en honor a San Baltazar, conocido popularmente como “Santo Rey”, la comunidad celebró una jornada que combinó religiosidad, encuentro familiar y una costumbre que se transmite de generación en generación.
(Jueves 8 de enero de 2026) – La celebración se inició en horas de la mañana con la ceremonia religiosa y la celebración eucarística, dentro de la capilla de la comunidad que lleva el nombre del santo patrono, dependiente de la Parroquia Ñandejara Guasu del barrio 3 de Mayo, cuyo Cura Rector es el padre Daniel Machado.
Esta celebración en el día propio fue la instancia central de la festividad, donde los fieles renovaron su devoción al santo patrono. Ya en horas de la siesta, la fe se trasladó a los hogares: el tradicional almuerzo patronal, ofrecido como ofrenda a San Baltazar, reunió a familias enteras en un gesto que va mucho más allá de lo gastronómico.

En cada casa se abrieron las puertas para recibir a parientes llegados de distintos puntos de Luque y de ciudades cercanas, además de amistades y vecinos. El almuerzo no fue solo una comida compartida, sino un espacio de reencuentro, donde los mayores transmiten historias, valores y sentido de pertenencia, y donde los más jóvenes aprenden que la comunidad se construye con gestos simples: compartir, colaborar y estar presentes.
En tiempos marcados por el individualismo y la prisa, Costa Sosa ofrece un ejemplo claro de resistencia cultural. Vecinos que abren sus casas, familias que reciben invitados y comunidades que sostienen una tradición sin necesidad de grandes escenarios ni discursos, sino con trabajo colectivo, hospitalidad y compromiso.

Defender y valorar estas celebraciones no es un acto de nostalgia, sino una afirmación de identidad. Porque en Costa Sosa, cada 6 de enero, la fe no solo se reza: se comparte en la mesa, se celebra en comunidad y se renueva en cada familia que invita a otra a sentarse. Esa es una riqueza que Luque debe reconocer, cuidar y transmitir a las futuras generaciones.